miércoles, 21 de diciembre de 2016

Movilización social en Europa: entre la zozobra europeista y el populismo

En estos últimos días del año querría traer a vuestra cabeza el problema de la empatía europeista versus populismos que hacen tambalear nuestra sociedad de principios de siglo y que la hormiga ha hablado de ellos en algunos artículos de este blog.

Trato ahora de profundizar en un problema social que perdura ya por unos años con posibles graves consecuencias, se trata de la distancia que separa a los ciudadanos de los políticos en nuestro entorno, esta brecha se va agrandando cada vez más. La apuesta que introdujo Alemania en los noventa sobre Unión Europea dirigida por los pagadores de transferencias, es decir desde los países ricos, llamada en aquellos tiempos la Europa de las dos velocidades, donde se contaba con Francia, se invitaba a Italia y se informaba a Gran Bretaña, con un claro objetivo de crecimiento económico obviando lo social, más allá de la convergencia, como si fuese necesariamente de la mano, nos ha separado del sueño europeo de integración social y política. El ciudadano se ha sentido ajeno a esta opción, con el tiempo la división económica ha hecho mella entre pobladores, abandonando compromisos electorales, la crisis se ha encargado de aumentar aún más esas diferencias, premiando a ricos y castigando a pobres. Entre los ricos, la centralización alemana, también monetaria con el euro ha forzado el abandono de ingleses temerosos por no poder controlar a los recursos humanos que acceden a su mercado desde el resto de Europa. Entre los pobres, los continuos controles y ajustes han asociado a Europa con un factor externo que justifica los abusos internos. Cuando todo parecía decaer, el deseo de inmigrantes de alcanzar el paraíso europeo a través del Mediterráneo o de Turquía, ha hecho reventar los pilares sociales entre los propios europeos. De esta manera resurgen los populismos radicales de izquierdas entre los pobres y de derechas entre los ricos para erradicar el problema, movilizando a la sociedad con fines nada integradores, y entretanto los estados pierden su esencia con movilizaciones nacionalistas que al amparo de Europa quieren rediseñar las fronteras, fruto de una apuesta descentralizadora europea de los ochenta.

Este proceso europeo y su civilización ha de ser reconducido hacia una revitalización institucional, pues las instituciones europeas fueron planeadas para nueve-doce miembros, habiendo sucumbido ante casi una treintena de socios que sólo se mueven por la vía de competición económica y exclusión social. De otra manera, anticipo que habrá más BREXITs, más populismos y quebrantos de estados como el español, al que se le plantea un federalismo como salida a corto plazo. 

¿Hacia donde dirigen Europa nuestra clase política? ¿son expertos en oportunismo de neuronas espejo hacia sus propios intereses? ¿qué fue del interés general a nivel europeo y su defensa institucional? ¿alguien espera que el aliado americano nos sugiera que nos entendamos como hermanos como mejor política de crecimiento europeo?  No encuentro buenas respuestas. 

En 2017 volveremos a debatir sobre el hormiguero.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Atado... ¿y bien atado?

Han sido convulsos estos últimos días en el panorama internacional. La trampa de Trump, los avisos de Merkel hacia el populismo, la muerte de Castro, el adiós de Hollande y el forzado retiro de Renzi, parecieran que nos han impactado más directamente, al contar con un gobierno nacional que ha iniciado conversaciones para negociar unos presupuestos admisibles ante Europa.

A veces los sistemas electorales parecen maquiavélicos, o quizá haya estadistas que estudian todas sus posibilidades y se valen de huecos para entrar en ellos. En la historia son muchos los ejemplos, y sin duda el último en EE.UU. es un caso singular, pues con menos votos ha logrado más electores y la presidencia. El problema es que un empresario en la élite, sin experiencia por el interés general, va a dirigir los designios de la primera fuerza económica mundial, con sus convicciones sobre los derechos sociales, la mujer o la inmigración y sus propuestas demagógicas y populistas sobre la empleabilidad o los equilibrios de poder en el mundo. Pienso que todo habrá de edulcorarse por un gabinete con élites políticas republicanas que conduzcan al país por derroteros menos radicales. Por si no fuera suficiente, a unos kilómetros de allí se despedía a un dictador comunista como héroe no muerto, dejando atado y bien atado su sistema, al menos por unos años, primero con su hermano, para después propiciar una reapertura desde las consignas del régimen quizá continuado en su sobrino. Aún recuerdo aquel profesor que nos visitó a fines de los noventa desde Cuba, que se emocionaba en un supermercado, inmortalizando con su cámara fotográfica de los cincuenta los momentos en que nos narraba ante nuestra incredulidad como esperaba horas el bus para llevarle a casa, pues no tenía fuerzas para llegar andando por los escasos nutrientes que le permitía la cartilla de racionamiento.  

En Europa nos esperan al menos cuatro años de distanciamiento con los EE.UU. junto al Brexit en nuestra casa. Una continua vigilancia ante nuevos populismos en lucha contra las élites establecidas que enarbolan un cambio destructor de todo lo establecido, en vez de un reformismo conciliador. Quizá por eso Hollande no ha querido más, se ha empachado de recetas restrictivas del gasto que han coincidido con el avance de un feroz terrorismo.  Finalmente el ordago de Renzi es el último aviso a navegantes, pretendía una profunda reforma constitucional, en la que se propugnaba el ahorro con la reducción de senadores, limitando su poder, o se postulaba un nuevo centralismo al recuperar competencias el Estado desde las administraciones territoriales. El batacazo ha sido rotundo.

Solo espero que en este nuestro hormiguero, se mire de cuando en vez al exterior para aprender. No es bueno tener en tan alta estima las cosas no propias e infravalorar lo conseguido. No es bueno buscar el capitalismo feroz antisocial, ni el comunismo populista que enaltece dictadores eliminando cualquier derecho, también el de la propiedad privada. No es inteligente pensar que un referéndum "orientado" u otro "ilegal" legitiman todo tipo de actuaciones, ni que el cambio de lo que funciona debe realizarse simplemente porque algo nos parece viejo. Es necesario aprender de nuestra historia, de nuestro entorno y consensuar políticas por el interés común, sin obviar nuestro origen como nación y olvidando frases ante las cámaras para buscar la audiencia ante la incapacidad de hacer política. 



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