Son apenas cuatro años de
efectivo multipartidismo, que ha logrado convulsionar al ejecutivo y cuyas
reglas sobre su investidura están dictadas en el ahora famoso artículo 99 de
nuestra Carta Magna. La estabilidad parlamentaria que depende ahora de los
acuerdos o pactos, ha dejado paso a tres investiduras fallidas, repetición de
elecciones, moción de censura e incluso cesiones entre oponentes con la
abstención como resultado. Todos estos acontecimientos tuvieron como
denominador común al socialista Pedro Sánchez.
Cuando en 2016 se aliaba con
Rivera, a un lado Podemos y al otro el PP, truncaron toda posibilidad de
investidura, fueron entonces 131 votos a favor, sumando el de Coalición Canaria
en la segunda vuelta. Ahora, sin embargo, una reedición de aquel pacto de
gobierno daría mayoría absoluta y estabilidad, pero el cordón sanitario de Albert
por la pugna en liderar el bloque de la derecha, lo han hecho inviable a pesar
de los continuos acercamientos del PSOE, que sí que han aceptado el pacto, sin
embargo, en alcaldías de Castilla-La Mancha como por ejemplo, Albacete, Ciudad
Real y Guadalajara.
Retomando la actual situación
Sánchez conocía las condiciones de sus declarados socios preferentes, ya
Iglesias pidió un gobierno de coalición en 2016, primera razón de su negociación
fallida. Lo de meter el zorro en el corral propio ha quedado claro después de
escuchar las acusaciones en ambos sentidos, que sí el interés de Iglesias
reside en un gobierno paralelo para controlar al propio gobierno, decía Lastra,
o que lo que nos pretenden dar son meros ministerios decorativos lejos de la
proporcionalidad conseguida en votos, por parte de Echenique.
En este cruce de acusaciones, he
visto sin embargo a un Sánchez de Estado, que huye de acercarse al
independentismo y reitera ahora a la
derecha en sus dos vertientes moderadas que les dejen gobernar con su
abstención, a cambio de pactos de Estado en la legislatura. Parece obvio que el
pulso para un nuevo intento en agosto/septiembre tenderá más hacia esta
vertiente. Pero el enroque de Ciudadanos no tiene ya razón de ser, ni se
entiende en sus filas, han abandonado su postura de centro al perpetuar y
extender sus acuerdos con VOX y cerrar todo tipo de diálogo con el PSOE, que
ofrece sin éxito diversas posibilidades incluso la de la abstención que le
podría dar el gobierno. El olor a tierra
quemada y el desprestigio de un interés personal o al menos familiar en tocar
poder, ha hecho de Iglesias otro cadáver político que sólo podría salvar a
consta de una cesión en septiembre para llegar a una coalición subalterna.
Sobre Casado nada hay de cómodo en la postura, el espectáculo bochornoso que se
visualizó ayer le declaraba vencedor, pero sin poder constatar que es una
verdadera victoria, como no tardaba en recordar Abascal tras la votación.
A pesar de contar con dos meses,
la cosa no pinta bien, sólo la vuelta imposible de ciudadanos traería un
gobierno factible y estable, pero pienso que muy a pesar de las presiones, sólo
Podemos reculará y abrirá consultas en unas semanas para tratar una nueva
investidura a fines de agosto o los
primeros días de septiembre, pues el independentismo no puede reclamar un
estado catalán en la diada, recuperando a sus “presos políticos” y votar en
Madrid a favor de sus “verdugos” políticos.
Si me preguntan nada tengo claro,
pues pude contemplar con estupor cómo Iglesias no es de fiar, con las
competencias que pretende y el poco rubor que le plantea ponerlas sobre la mesa
sin negociación, incluso contemplé a un PSOE que se contagiaba en esta pugna
dialéctica. Por otra parte, Ciudadanos ha quedado fuera de lugar, es ya una
nueva derecha y no el centro que quería liderar, el PP anda con pocas ganas de
creer que las elecciones son una posibilidad, por mucho que les aseguren que
habrá una gran abstención entra la población, y de Vox, pienso como Sánchez que
mejor no hablar, con escuchar es suficiente.
Aún pienso que el próximo 10 de
Noviembre será un día sin elecciones, pero el bloqueo de sus contendientes y la
ausencia de alternativa acercan más la probabilidad. En este nuevo escenario,
sin embargo, los más dañados serían Podemos y Ciudadanos, no cabe ninguna duda,
por lo que el retroceso al bipartidismo sería un hecho, y la aritmética caprichosa
podría conducirnos de nuevo a otro día de la marmota.
Visto lo visto, en dos semanas,
no más, tendremos respuestas.
Veremos si la hormiga puede tomar vacaciones.
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