El Partido Popular de Jorge Azcón se consolida como primera fuerza, con una estimación cercana al 38–39 % del voto y un resultado que oscilaría entre 29 y 30 escaños. Un crecimiento claro, sostenido, pero insuficiente para gobernar en solitario. El PP gana, pero no cierra el círculo: la aritmética vuelve a situar a Vox como socio necesario.
El PSOE de Pilar Alegría, en cambio, firma uno de sus peores escenarios históricos en Aragón. Los sondeos le asignan 17–18 escaños, confirmando un desplome electoral que no se explica solo por desgaste de gobierno, sino por una crisis de relato y de identidad. Parte del electorado socialista se disuelve hacia la abstención; otra parte migra sin complejos hacia la derecha.
Ahí aparece Vox, el otro gran protagonista del ciclo. Con estimaciones de hasta 11–12 escaños, la formación recoge buena parte del voto socialista perdido y se convierte en actor estructural del nuevo bloque conservador. No crece solo por movilización propia: crece por trasvase, por ruptura emocional con el PSOE y por una polarización que castiga al centro-izquierda.
El mapa se completa con el hundimiento definitivo de Podemos y del PAR, que quedarían fuera del Parlamento, y con una izquierda cada vez más fragmentada. En ese contexto, Chunta Aragonesista resiste e incluso mejora ligeramente (3-4 escaños), confirmando que identidad, coherencia y territorio siguen siendo activos electorales cuando el resto se diluye. IU-Sumar (2 escaños, subiría uno) mantiene una presencia menor, sin capacidad de compensar la pérdida global del bloque progresista.
Aragón, así, no solo decide un gobierno. Ensaya un cambio de ciclo. Un escenario donde la derecha se ordena, la izquierda se divide y el centro desaparece como espacio político reconocible.
Ciertamente las derechas del parlamento aragonés superan claramente el 55%, este giro a la extremeña incluso puede mantener un gobierno en minoría del PP, pero siempre con el permiso del ganador moral de la cita, un VOX revitalizado con cerca de un 17% del electorado. Alegría parece haber hecho los deberes llevando al PSOE aragonés a un fracaso anunciado e histórico, similar al logrado hace unos días por Gallardo.
La hormiga lo ve claro:
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