Por eso he querido volver a Ceuta. No desde un despacho ni desde la distancia de las cifras, sino escuchando a quienes están allí. Esta vez en la entrevista me acompañan Noelia Alcázar, madre, trabajadora de la Universidad de Granada, miembro de Foro Ciudadano y una de las voces ciudadanas que más se ha significado durante estas semanas, y Juanmi, profesor universitario y ya habitual en este espacio. La conversación nace precisamente de una pregunta sencilla: ¿Cómo está Ceuta hoy?
La respuesta que ofrecen ambos merece ser escuchada.
Noelia describe dos realidades que conviven en una misma ciudad. El centro puede transmitir una cierta apariencia de normalidad, mientras que en barrios periféricos y determinadas playas la situación se percibe de forma muy distinta. Habla del Trampolín, de Benítez, de los asentamientos y de un campamento habilitado para 1.700 personas. Es su testimonio y su percepción de una ciudad que, según sostiene, todavía está muy lejos de recuperar la vida anterior.
Pero durante la entrevista aparece un asunto que resume bien hasta qué punto septiembre está siendo diferente: los túneles próximos al campus universitario. Hablamos del incendio que permitió descubrir la presencia de personas en uno de ellos y de antiguos accesos que comunican la zona del Sarchal con el recinto universitario. Noelia explica incluso que tiempo atrás había advertido de la conveniencia de revisar y asegurar esos accesos.
La Universidad ocupa, de hecho, buena parte de nuestra conversación. Profesores y alumnos intentan recuperar algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan importante como la rutina. Juanmi cuenta cómo se han reorganizado horarios y clases para mantener la actividad académica y cómo los estudiantes necesitan volver a encontrarse, estudiar y continuar con su vida. Pero resume su estado de ánimo con una frase que me parece especialmente significativa: «seguimos en alerta».
Está también la mirada de una madre. Noelia explica por qué decidió inicialmente no llevar a sus hijos al colegio, el temor que sentía ante la posibilidad de otra entrada masiva y las explicaciones que posteriormente recibió del centro sobre cómo actuarían ante una emergencia. Su testimonio permite comprender algo que las estadísticas difícilmente pueden medir, qué ocurre cuando la incertidumbre entra en las casas, en los colegios y en las decisiones cotidianas de una familia.
Quizá ahí esté la clave de este “septiembre negro”. No sólo en contar cuántas personas permanecen en Ceuta, cuántas han sido trasladadas o qué medidas se han adoptado. También en preguntarnos cuánto tarda una ciudad en recuperar la sensación de seguridad, sus espacios, sus costumbres y, sobre todo, la tranquilidad.
Noelia lo expresa desde su propia experiencia: asegura que la angustia y el miedo continúan y que percibe un creciente sentimiento de abandono. Es una valoración personal, dura y discutible como cualquier valoración política, pero precisamente por eso merece ser escuchada en sus propias palabras.
Al final de la entrevista pregunté qué querían decir al resto de España. Juanmi respondió con una petición muy sencilla: que no se olviden de Ceuta. Y quizá esa sea también la razón de este nuevo vídeo. No pretendo sustituir a nadie ni hablar por quienes viven allí. Pretendo que hablen ellos.
Porque el peligro ahora es acostumbrarnos.
Ceuta puede haber desaparecido de algunos titulares, pero de la vida de los caballas, no.
Os dejo la entrevista completa. Escuchad a Noelia y a Juanmi y sacad vuestras propias conclusiones.
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